Lucía Sánchez Saornil, a 50 años de su muerte: «Pero… Es verdad que la esperanza ha muerto?»

Hoy, 2 de junio, en 1970, murió Lucía Sánchez Saornil, poeta y anarquista española.

Algunas fuentes la incluyen dentro de la Generación del 27, perteneciendo al movimiento ultraísta, si bien es cierto que, ni el bajo estrato social del que provenía, ni su militancia anarcosindicalista y por la emancipación de la mujer, eran lugares comunes con el resto de las Sinsombrero. Lucía era lesbiana, y para poder expresar libremente sus ideas y sus percepciones sobre el amor, sobre las mujeres y sobre la feminidad, tuvo que firmar sus obras poéticas con un pseudónimo masculino: Luciano de San-Saor.

En 1931, Lucía fue expulsada de la Compañía Telefónica en la que trabajaba, por su militancia anarcosindicalista en la CNT y por la organización de huelgas contra dicha empresa. Fue entonces cuando sustituyó el verso por la prosa, y su producción literaria pasó a ser de temática política, escribiendo en diversos periódicos de corte anarquista, tales como Tierra y Libertad, Solidaridad Obrera o CNT.

En 1936, cuando estalló la Guerra Civil Española y tuvo comienzo la Revolución Social, fundó, con Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gascón (entre otras mujeres), la agrupación anarcofeminista Mujeres Libres, surgida a raíz de la revista que editaban con el mismo nombre, y que planteaba una lucha feminista adelantada a su tiempo, dando respuesta activa a problemas como la prostitución, la maternidad, el amor y la autonomía de las mujeres en el trabajo.

Podríamos decir que Mujeres Libres constituyó una de las agrupaciones feministas más importantes de la historia de España (aunque en su tiempo ellas no se autodenominaban feministas por las connotaciones burguesas que en su tiempo tenía esta palabra), pues, a diferencia de los movimientos de mujeres eminentemente burgueses de su tiempo, que luchaban principalmente por su participación en las políticas estatales mediante el sufragio, reconocían la triple esclavitud de la mujer: el capital, el patriarcado y el Estado (si bien a principios del siglo XX la terminología y los análisis sobre el patriarcado no habían sido todavía incorporados a las luchas de las mujeres).

Por otro lado, Mujeres Libres fue el movimiento que, desde el anarquismo, movilizó a miles de mujeres españolas hacia la militancia, la emancipación y la lucha por la Revolución Social, a pesar de las reticencias de los sectores masculinos que ocupaban todas las agrupaciones anarquistas de entonces. Lucía expresaba libremente su orientación sexual en Mujeres Libres y en sus espacios de militancia, a pesar de que en entrevistas posteriores a mujeres que pertenecieron a la agrupación, recordaban con recelo su homosexualidad y su relación sentimental con su compañera América Barroso.

Cuando finalizó la Guerra Civil y se instauró la dictadura Franquista, ella y su compañera tuvieron que exiliarse a Francia. Cuando regresó a España, tuvo que vivir de forma clandestina en Valencia hasta 1954. Finalmente, un cáncer de pecho acabó con su vida el 2 de junio de 1970.

Lucía Sánchez Saornil fue una olvidada de las olvidadas, ignorándose hasta muy recientemente, su obra literaria y su historia de vida. Al igual que sucede con el movimiento anarquista en general, Mujeres Libres también fueron apartadas de la historiografía convencional, sobre todo aquella que se refiere a la Guerra Civil, y sin cuyo movimiento su discurso es totalmente diferente y distorsionado. Es labor nuestra construir la historia anarquista y feminista desde los márgenes.

Hoy, en el 50 aniversario de su fallecimiento, su lápida sigue preguntándose «Pero… Es verdad que la esperanza ha muerto?». No ha muerto, compañera, pues somos muchas las que día a día avanzamos por la senda de tu ejemplo.

 

Que el pasado se hunda en la nada
¡Qué nos importa el ayer!
Queremos escribir de nuevo
la palabra Mujer.

 

Lucía Sánchez Saornil

Lucía Sánchez Saornil con la anarquista Emma Goldman y con su compañera América Barroso

 

 

Constitución de la Asamblea Anarcofeminista del SOV de Murcia de la CNT

A las compañeras y compañeros:

A día de ayer, 21 de abril de 2020, las compañeras militantes del Sindicato de Oficios Varios de Murcia de la CNT, celebramos una reunión tras la cual quedó constituida la Asamblea Anarcofeminista del SOV de Murcia de la CNT. Prácticamente desde la reorganización del SOV estuvimos planteándonos esta cuestión y, de hecho, ya organizamos un grupo de trabajo para la redacción del comunicado de la CNT de Murcia en apoyo a la Huelga General feminista del 8 y 9 de marzo, así como nuestra participación en la correspondiente marcha celebrada. Sin embargo, la noticia de la reciente constitución de Mujeres Libres en la CNT-AIT de Cartagena, así como la existencia, más consolidada, de otros grupos anarcofeministas en diversos sindicatos de la CNT-AIT, nos aportaron la inspiración y determinación que necesitábamos para constituirnos de forma oficial.

Asumiendo la premisa de que el anarquismo debe ser feminista, y comprobando que no siempre se cumple este discurso en la práctica, consideramos fundamental la existencia de agrupaciones anarcofeministas en nuestras organizaciones, para construir de forma conjunta y verdadera el horizonte libertario que anhelamos, libre de toda forma de poder y autoridad. Incluso si los movimientos anarquistas hubieran superado ya las jerarquías que suceden desde las relaciones de poder emanadas del género, consideramos necesaria la lucha anarcofeminista, por el hecho de que la sociedad en la que vivimos actualmente, configurada por el capital, el patriarcado y los estados, continúa amparando y desarrollando formas de opresión específicas hacia a las mujeres y cuerpos disidentes, en una evidente heterogeneidad de la clase trabajadora.

Entendemos el carácter no mixto de la Asamblea Anarcofeminista no como un fin, sino como una herramienta necesaria en nuestra lucha emancipatoria. Por ello y, al habernos constituido en el seno del SOV de Murcia de la CNT, la coordinación, comunicación y actuación conjunta con el resto de los compañeros del sindicato será uno de los aspectos fundamentales de nuestra forma de funcionar. Asumimos, al igual que el sindicato al calor del cual surgimos, los principios, tácticas y finalidades de la CNT-AIT, y compartimos la intención de adhesión a dicha organización.

Nuestra línea ideológica y de acción se guía por los principios anarquistas, anarcosindicalistas y anarcofeministas del apoyo mutuo, la solidaridad, la autogestión y la acción directa, sin intermediarios y sin autoridades institucionales ni sus subvenciones.

La actividad de la Asamblea Anarcofeminista del SOV de Murcia de la CNT pretende realizarse en tres direcciones:

En primer lugar, pretendemos llevar a cabo una acción sindical específica (y siempre en comunicación y coordinación con el grupo general de acción sindical del SOV) para aquellos casos y conflictos sindicales directamente relacionados con la cuestión del género y de las mujeres. Ponemos como ejemplos, entre otros, el acompañamiento y asesoramiento, tanto a nivel laboral como emocional, a mujeres que han sufrido o sufren violencia de género (para las cuales existe una legislación laboral específica), a aquellas que han sufrido acoso sexual en sus lugares de trabajo y otros espacios de nuestras vidas, o a las que sufren hostigamiento por parte de sus empresas por estar en período de gestación. Consideramos que contribuimos, así, a la creación de entornos más cómodos y seguros para las mujeres dentro del sindicato, ya que somos compañeras de opresión y existen mayores posibilidades de empatizar con las compañeras.

Por otro lado, pondremos en práctica la llamada “acción social”, apoyando, participando y atendiendo en las luchas sociales y políticas que suceden en nuestros contextos sociales, políticos y económicos, con la intención de contribuir, desde nuestras perspectivas, a la creación de tejidos sociales de apoyo mutuo y autogestión entre las clases sociales desposeídas. El contacto, la comunicación y la acción junto a organizaciones sociales afines será de vital importancia para esto.

Finalmente, decidimos emprender campañas de propaganda y difusión del pensamiento y la cultura anarquista, anarcosindicalista y anarcofeminista, además de organizar y gestionar eventos cultuales, así como espacios de debate, reflexión y discusión de nuestras ideas. Concretamente, damos importancia a la recuperación de la historia y la memoria de las mujeres y cuerpos disidentes, de sus luchas históricas, así como de la historia del movimiento obrero y anarquista en general. Esto es así porque consideramos fundamental el aporte de referentes históricos y de lucha más allá de los masculinos, así como la visibilización de aquellos espacios de la vida y de las luchas en los que las mujeres fueron las principales protagonistas.

Desde la Asamblea Anarcofeminista del SOV de Murcia de la CNT, nos mostramos abiertas e ilusionadas ante la posibilidad de establecer una comunicación y coordinación con otros grupos anarcofeministas tanto en el territorio español como de manera internacional, pues solo así nos fortaleceremos y consolidaremos nuestras luchas.

Esperamos que las organizaciones y sindicatos afines acojáis con nuestro mismo entusiasmo el nacimiento de este proyecto que será beneficioso para toda la lucha libertaria. Ofrecemos, igualmente, nuestro apoyo y colaboración en la lucha para hacer realidad, paso a paso y conjuntamente, nuestros anhelos de una sociedad despojada del poder.

Enviamos un abrazo y un saludo fraterno a las organizaciones y sindicatos compañeros.

Lucha frontal contra el patriarcado, contra el capital y contra el Estado.

¡Salud y anarcofeminismo!

En Murcia, a 22 de abril de 2020:

Asamblea Anarcofeminista del Sindicato de Oficios Varios de Murcia de la CNT

Constitución de la agrupación Mujeres Libres en Cartagena

Ayer, 15 de abril, fue el 52º aniversario de la muerte de Amparo Poch y Gascón (1902-1968), una de las fundadoras de la agrupación Mujeres Libres y de la revista homónima, en 1936, junto a Lucía Sánchez Saornil y Mercedes Comaposada.

Además de ser una entusiasta militante anarquista y antifascista, y una de las pioneras del anarcofeminismo en España, fue médica (de hecho, fue la segunda mujer licenciada en Medicina en España) y aportó sus conocimientos en el terreno de la salud al movimiento anarquista y, en especial, a las mujeres que vieron en la Revolución Social de 1936 la oportunidad para emprender la tan ansiada y necesaria lucha por su emancipación de la esclavitud del patriarcado, del Estado y del capital. Defendió la educación sexual y una maternidad consciente, y divulgó la puericultura para que las mujeres fueran dueñas de sus cuerpos, de su sexualidad y de su maternidad. Promulgaba, además, el amor libre sin las ataduras y la esclavitud que el matrimonio suponía para las mujeres, y defendió fervientemente la necesidad de las mujeres para formarse cultural y profesionalmente para liberarse de lo que Mujeres Libres consideraba “la esclavitud de la ignorancia” y “la esclavitud económica”.

Ayer, 15 de abril de 2020, a 52 años de la muerte de esta importante figura para la historia del anarquismo y del anarcofeminismo, vemos, en Cartagena, el florecimiento de una agrupación de Mujeres Libres dentro de la CNT-AIT de Cartagena, que no solo recupera unas siglas y un nombre de gran importancia para nuestro movimiento, sino que recoge y retoma toda una idea y el amplio legado de lucha emancipatoria que esta agrupación de mujeres libertarias emprendió en un contexto tan duro como fue la Guerra Civil española y la Revolución Social de marcada tendencia anarquista.

Ciertamente vemos cómo, en nuestros días, se mantienen los estrechos lazos entre el patriarcado, el capitalismo y el Estado. Por ello,  queda mucho por hacer y por luchar y se torna necesaria la organización de un verdadero tejido anarcofeminista para hacer frente al poder y a la autoridad que arrebata la libertad a los individuos y a la clase trabajadora.

Por ello, las militantes del Sindicato de Oficios Varios de la CNT de Murcia, transmitimos nuestra alegría y entusiasmo al proyecto que las compañeras de Cartagena han decidido emprender, y ofrecemos nuestras fuerzas, todavía emergentes, para colaborar, ayudar y apoyar en todo cuanto sea necesario.

Desde Murcia enviamos un saludo y un abrazo sentido a las compañeras tanto de Mujeres Libres como de la CNT-AIT de Cartagena. ¡Todavía está todo por hacer, y lo haremos juntas!

¡Salud y anarcofeminismo!

Sindicato de Oficios Varios de Murcia de la CNT

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Twitter de Mujeres Libres Cartagena: @CntLibres

Emma Goldman, breves pinceladas sobre su vida

Emma Goldman nació en 1869 en Kovno, Lituania (entonces parte del Imperio Ruso), en el seno de una familia judía que regentaba un mesón en la ciudad de Popelan [1].

Las raíces del radicalismo de Goldman aparecieron a una edad temprana, motivadas por su padre tirano, la explotación de lxs trabajadorxs del mesón por parte de sus padres, la opresión de lxs campesinxs locales a manos del Estado, la violencia hacia la población judía, y el autoritarismo de la escuela primaria. Se rebelaría de niña contra la familia y contra la escuela, con las subsiguientes represalias. Leyó y admiró secretamente a los jóvenes revolucionarios rusos. A los 16 años ya había trabajado varios años en una fábrica de guantes y corsés, así como había tenido su primera experiencia sexual. Vivencias, ambas, que no fueron para ella sino una simple repetición del autoritarismo masculino y de los abusos sufridos anteriormente en otros contextos.

Anhelando escapar de aquella atmósfera, emigró a EEUU en 1885 en compañía de su hermana, instalándose en Rochester, Nueva York. Como otros inmigrantes, pronto descubrió la realidad que había tras la fachada del sueño americano. La disciplina de su trabajo en la industria textil era incluso más estricta que en San Petersburgo. Además, pronto su familia cruzaría el charco y se instaló en Rochester con ella y sus hermanas: una vez más, Emma se sintió asfixiada por la vida familiar. Desesperada por escapar, se casó con un compañero de trabajo que era inmigrante, como ella.

Por aquel entonces, Goldman empezó a leer las noticias que se publicaban en los periódicos y a asistir a conferencias sobre el movimiento socialista en Estados Unidos. Especialmente absorbentes para ella fueron los detalles del incidente de Hymarket Square en Chicago (que dieron lugar al 1º de mayo como Día Internacional de los Trabajadores) y el posterior proceso judicial contra ocho anarquistas, los “mártires de Chicago”, cinco de los cuales fueron condenados a muerte, y tres fueron recluidos, aun siendo todos inocentes. Goldman amalgamó su frustración política y personal y su ira en un todo que ya nunca iba a romperse. Poco después tomó la decisión de instalarse por su cuenta en New Haven y después en Nueva York, abandonando a su esposo y a su familia, y dejando atrás su vida de docilidad y conformidad política.

A finales de 1889, Goldman participaba activamente en grupos de discusión, reuniones y manifestaciones anarquistas, en estrecha relación con el migrante alemán Johann Most, y el migrante ruso Alexander Berkman, quien se convirtió en su compañero. Los sucesos ocurridos en 1892, relacionados con la huelga en Homestead (Pensilvania), cuya tremenda represión llevó a Goldman, Berkman y su prima Feyda, a planear el asesinato de Henry Clay Frick, director de la empresa Carnegie de Homestead, contra la que se realizaba la huelga. Berkman era el encargado de cometer el asesinato, pero no llegó a matar a Frick, solo lo hirió gravemente, lo que le costó veintidós años de cárcel. Goldman se convirtió en uno de los focos más notorios de la prensa capitalista estadounidense, que utilizaba su figura para infundir miedo y terror sobre el anarquismo en la sociedad.

Para ella, el encarcelamiento de Berkman, la negativa opinión pública, de los obreros en huelga y de sus propios compañeros anarquistas, fueron golpes muy duros sobre su conciencia. Goldman se vio obligada a nuevos niveles de madurez, reafirmación personal y política y certeza, más allá de la apasionada rebeldía de la que ya había dado muestras. Durante los años que siguieron, Goldman se convirtió en una oradora y activista muy conocida y en la organizadora de varias campañas políticas. En solo unos meses, esta nueva fase de su activismo culminó con su detención por un discurso pronunciado en una manifestación en Union Square a favor de los parados. En octubre de 1839 fue condenada a un año de cárcel en la isla de Blackwell. Igual que en el caso de Berkman y de todos aquellos que estaban entre rejas, las condiciones intensamente opresivas de la cárcel pusieron a prueba su fortaleza personal. Pero al mismo tiempo, Emma dispuso ahora de un espacio para reflexionar más detenidamente sobre el pasado y el futuro de su propia actividad política. Dos elementos de aquella situación influyeron en la dirección que adoptaría posteriormente. Dicho por ella misma, “pudo aproximarse más a las profundidades y complejidades del alma humana” gracias a la cálida camaradería de muchas de sus compañeras de cárcel, por confusos, incoherentes y apolíticos que fueran sus puntos de vista. Al mismo tiempo, se vio sorprendida por el talante liberal de algunos de los carceleros y también por los de un visitante preocupado, John Swinton, que había sido un activista abolicionista en el pasado y que ahora era el editor jefe del New York Sun. Dada la personalidad sensible empática y en constante evolución de Goldman, aquellos dos tipos de encuentro la llevaron a salir de la cárcel a hacer una nueva valoración de las posibilidades políticas.

Después de su liberación, Goldman se sumió una vez más en un torbellino de activismo político. Combinando las habilidades como enfermera aprendidas durante su estancia en la cárcel con su instinto social, inició entonces una nueva actividad práctica como enfermera privada. Dándose cuenta de la importancia que tenían para encontrar mejores empleos los certificados y el aprendizaje formal de nuevas habilidades, aceptó la oferta que le hizo su amiga Fedya de financiarle el viaje y los gastos para que fuese a estudiar a Viena. Sin embargo, antes de su llegada allí en otoño de 1895, pasó un mes en Gran Bretaña, donde conoció personalmente a muchos activistas locales y a personalidades importantes del movimiento anarquista internacional, como Errico Malatesta, Louise Michel y Piotr Kropotkin.

De regreso a Nueva York el verano siguiente, Goldman reanudó su activismo en el contexto de un movimiento americano revitalizado. Al mismo tiempo empezó su práctica profesional como enfermera y comadrona. Al año siguiente emprendió una gran cantidad de charlas y conferencias políticas por todo el país. Sus principales preocupaciones mientras visitaba ciudad tras ciudad fueron, así, oponerse a la guerra entre Estados Unidos y España; apoyar constantemente las luchas obreras locales y propugnar la plena igualdad para las mujeres y la emancipación sexual en general.

En 1899, aceptó la oferta que unos amigos del movimiento le habían ofrecido, para realizar estudios avanzados en medicina. Sin embargo, poco después, quienes subvencionaban su estudio en medicina se negaron a seguir ayudándola a menos que prometiera abandonar el activismo. Lógicamente, Goldman se negó. Durante su estancia en París, asistió a una reunión neomalthusiana para discutir el nuevo tema subversivo del control de la natalidad artificial. Dada su propia experiencia de primera mano como enfermera y comadrona de la desesperación que producían los embarazos no deseados, así como su compromiso general con la emancipación femenina y sexual, decidió lanzar una campaña para el control de la natalidad en EEUU.

Sin embargo, sucedió un imprevisto que le cambió los planes. En 1901 se produjo el asesinato del presidente McKinley y a ello le siguió una salvaje represión. El asesino, Leon Czolgosz, era un joven de clase obrera recientemente atraído por la política radical después de la amarga experiencia de crecer en una familia de inmigrantes en Cleveland. Este joven fue ferviente seguidor de Goldman, y aunque se autocalificó de anarquista tras ser detenido, no había tenido tiempo en absoluto de empaparse profundamente del pensamiento anarquista ni de la camaradería. Sin embargo, Goldman vio en él el rebelde angustiado que había sido ella misma diez años antes. Junto a varios grupos de emigrantes franceses, españoles e italianos, y a un pequeño número de anarquistas americanos, Goldman fue uno de los pocos anarquistas del país que apeló públicamente a tener en cuenta el origen social y las motivaciones de Czolgosz (sin respaldar por ello la táctica política que había empleado). Ello le llevó a ser denunciada como chivo expiatorio, y se enfrentó a un enorme aislamiento por parte de muchos camaradas anarquistas.

En 1906 puso en marcha una nueva base de actividad, la que sería más  duradera  y  sin  duda  más  influyente  que  las  anteriores.  Con  un puñado de colaboradores, creó en Nueva York una revista anarquista briosa  e  insólitamente  regular,  llamada  Mother  Earth  [Madre  Tierra]. Durante  la  década  que siguió, Goldman escribió en ella sobre una amplia variedad de temas generales y de actualidad destinados a una aduciencia de unos 10.000 lectores. Fue la revista anarquista estadounidense más influyente de su época, y posiblemente de todos los tiempos hasta hoy. A Goldman le sirvió la revista para desarrolar una serie de iniciativas en pro del movimiento anarquista, desde manifestaciones políticas y la organización de una escuela libre, hasta la formación de una Liga contra el Servicio Militar Obligatorio en 1917. Mientras, sus constantes viajes y su trabajo periodístico alentaron a otros muchos en todo el país a emprender acciones similares a nivel local.

En medio de todo esto, Goldman entabló una apasionada y polémica relación con Ben Reitman de Chicago, relación que le influyó vigor, pero que la alejó de muchos camaradas. Emma participó en las campañas locales por la libertad de epresión lanzadas por la IWW [Industrial Workers of the World], y complementó finalmente los años que había dedicado a defender el control de la natalidad promocionando métodos anticonceptivos específicos.

La intensidad de este período fue enorme. Para Goldman y para muchos anarquistas, fue realmente este constante activismo multidimensional lo que le produjo más satisfacciones. Sin embargo, estuvo expuesta a numerosos peligros. Detenida en numerosas ocasiones y casi linchada en San Diego en 1912 por su lucha por la libertad de expresión, fue encarcelada durante dos semanas en Nueva York en 1916 por proporcionar información sobre control de la natalidad. Junto con Berkman, fue la activista anarquista más conocida en el país en aquella época y ciertamente una de las más famosas radicales en general. Como tal, se vio sometida al acoso y a las amenazas violentas por parte del gobierno, de la prensa capitalista y de los individuos hostiles que siempre trae consigo el desempeño de esta función social.

Estos intensos años de activismo culminaron con la crisis cada vez más profunda de la Primera Guerra Mundial y con la decisión de los norteamericanos de intervenir en el conflicto. Tras fundar una Liga contra el Servicio Militar Obligatorio en Nueva York, que se extendió rápidamente a otras partes del país, Goldman y Berkman, junto con otros colaboradores anarquistas y liberales, organizaron una serie de mítines y campañas de publicidad que rápidamente influyeron directa o indirectamente a cientos de miles de norteamericanos, lo cual conllevó un estallido de represión gubernamental. El 15 de junio la policía americana hizo una redada en las oficinas de Mother Earth y The Blast (la revista de Berkman); Goldman y Berkman fueron detenidos por “conspiración contra el reclutamiento”. Tras un proceso judicial de diez días en el que dos se encargaron elocuentemente de su propia defensa, fueron declarados culpables y condenados a dos años de cárcel y a pagar una multa de 10.000 dólares.

Para Berkman, las severas condiciones de la penitenciaría federal de Atlanta, sobre todo después de haber pasado ya catorce años en prisión, fueron un golpe a su salud del que nunca llegaría a recuperarse. Para Goldman, los veintiún meses que pasó en la cárcel, fueron una sentencia difícil pero no tan severa. Con muchas presas políticas o apolíticas, la opresión soportada en común en la cárcel fue para Goldman el catalizador de una cálida comunicación, fueran cuales fuesen sus diferencias en el ámbito privado.

Durante su encarcelamiento, los desarrollos revolucionarios en Rusia llegaron a un punto álgido. Goldman ya se había emocionado con las noticias de la agitación política allí a comienzos de 1917. En la cárcel, su estado de ánimo se veía fortalecido con cada noticia sobre la   continuidad y la extensión de la revolución. Fue en ese momento cuando ella y Berkman consideraron seriamente regresar a su Rusia natal. El 21 de diciembre de 1919 fueron deportados a Rusia por el gobierno de EEUU. Cuando pusieron pie en su tierra natal, fueron recibidos, esta vez, por el nuevo régimen revolucionario.

Tanto Goldman como Berkman llegaron llenos de entusiasmo ante la perspectiva de sumergirse directamente en un contexto totalmente revolucionario. Incluso llenos de buena voluntad respecto a los bolcheviques, Goldman y Berkman observaron a la nueva sociedad entrevistándose con muchos obreros y revolucionarios, siguiendo el día en las calles y reuniéndose con los burócratas de Moscú y San Petersburgo. Cada vez más desencantados, no quisieron sin embargo criticar abiertamente al nuevo régimen cuando este estaba todavía sometido al asedio de las fuerzas de la reacción interior y exterior. Solo cuando el gobierno soviético reprimió la insurgente comuna revolucionaria de Kronstadt durante la primavera de 1921, decidieron hacer oír su voz. Pero hacerlo públicamente significaba arriesgarse a ser enviado a la cárcel por la policía secreta, o incluso poner en peligro su vida. Tras una larga demora impuesta por las autoridades, a finales de 1921 Goldman y su camarada de toda la vida abandonaron de nuevo su tierra natal. Esta vez llevaban consigo el sabor amargo de la revolución traicionada[1].

Los quince años siguientes de exilio forzoso fueron el período más deprimente de la vida adulta de Goldman. Viviendo primero en Alemania pudo seguir de cerca la construcción de un nuevo movimiento anarquista. Pero para su frustración, solo para mantener su visado tuvo que evitar cualquier implicación directa en el mismo. Tras un año de estancia en Gran Bretaña, aceptó la generosa propuesta de matrimonio que le hizo un anciano galés, un viejo camarada anarquista admirador de Emma. Soportando todo el proceso oficial para poder adquirir la ciudadanía británica, consiguió finalmente disponer de un hogar razonablemente seguro y de un pasaporte para viajar.

Desgraciadamente, Gran Bretaña no era totalmente de su agrado, dados el clima y las circunstancias políticas de Inglaterra. Nada más llegar a Londres, comenzó una campaña de propaganda en contra del Estado soviético. En 1926 salió del país para mudarse a St. Tropez, en el sur de Francia, a una casita rural que pudieron comprarle algunos camaradas anarquistas. Berkman la llamó Bon Spirit. Allí, Emma se dedicó a escribir su autobiografía, Living My Life [Viviendo mi vida], e iniciaría una abundante correspondencia con sus camaradas, una correspondencia llena de impaciente energía y anhelo de EEUU. Sus carteos con Berkman la mantenían con ánimos, hasta que, en 1936, éste se suicidó tras una tediosa depresión y una larga enfermedad que arrastraba desde hacía años.

La muerte de Berkman fue para ella un duro golpe. Además de la pérdida de una de las personas más importantes de su vida, se estaba convirtiendo en una paria en el mundo occidental. Vivió en ese momento la depresión más grave de toda su vida.

Tres semanas después el 19 de julio de 1936, estalla en España la Guerra Civil, en la que Goldman vio la esperanza de una nueva oportunidad para el proletariado. Viajó a Barcelona en 1936 y durante los tres años del conflicto estuvo entre Londres y España, colaborando con la causa anarquista y la Revolución Social, mediante difusión, recaudación de fondos para las milicias y los grupos anarquistas, así como campañas de propaganda a nivel internacional. En España conoció a personalidades como Durruti o a Mujeres Libres, en cuya revista colaboró aportando numerosos textos y escritos.

(Emma Goldman junto a un grupo de milicianxs)

 

(Lucía Sánchez Saornil, Emma Goldman y América Barroso)

 

El 8 de abril de 1939 embarcó para Canadá. Allí se dedicó a juntar dinero para los refugiados españoles en Francia y a dar a conocer el estado de la situación de la dictadura de Franco. Además, celebró ampliamente su cumpleaños número setenta y sus cincuenta años de actividad en el movimiento anarquista, con eventos que estimularan las donaciones a la causa española. Encontrándose allí, estalló la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939. Emma comenzó una campaña antimilitarista, pero no tuvo éxito, mientras que el conflicto español quedó en segundo plano.

El 17 de febrero de 1940 sufrió una fuerte hemorragia cerebral y fue hospitalizada. Quedó con el lado derecho de su cuerpo paralizado, por lo que no podía hablar ni masticar los alimentos, además de que su capacidad visual había disminuido considerablemente. El 1 de abril la trasladaron a su casa al cuidado de una enfermera y los primeros días de mayo sufrió un segundo derrame cerebral, del que no logró recuperarse.

Murió el 14 de mayo de 1940. El departamento de Inmigración de Estados Unidos hizo posible que se cumpliera el último sueño de Emma Goldman: ser enterrada en el cementerio de Waldheim de Chicago, donde permanecen los cuerpos de los mártires de Chicago desde 1887. Emma había prometido consagrar su vida entera a la obra por la que habían caído aquellos héroes. Cumplió con creces su promesa. Muerta, quería estar lo más cerca posible de aquellos queridos restos.

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[1] Para obtener más información sobre la estancia de Emma Goldman en Rusia como deportada de EEUU, se recomienda la lectura del folleto GOLDMAN, E. (1978): Dos años en Rusia. Diez artículos publicados en The World, Aurora (Revista quincenal).

[2] Esta biografía ha sido extraída del fanzine «El sufragio femenino por Emma Goldman», de La Karakola Ediciones. Los datos biográficos recogidos en este fanzine han sido extraídos, en su gran mayoría de GOLDMAN, E. (2012): Visión en llamas. Emma Goldman sobre la Revolución Española, España, El Viejo Topo., del que también se podrá leer más detenidamente sobre sus percepciones, su lucha y su colaboración con la Revolución Española.

 

Para descargar el fanzine de La Karakola Ediciones: https://drive.google.com/open?id=1FZ9nXlqEe0xJv6U6PAd56WgSYfCW1bOw

Teresa Claramunt, la «Virgen Roja española»

La madrugada del 11 de abril de 1931 falleció Teresa Claramunt, quizá la primera revolucionaria española del s. XIX, calificada incluso como la «Louise Michel» española. Fue una figura fundamental del anarcosindicalismo y movimiento libertario español. Soledad Gustavo (alias de Teresa Mañé), otra gran figura histórica del anarquismo español, escribiría sobre ella: «La juventud de ahora apenas conoce su nombre, sin embargo, Teresa Claramunt representa cerca de cincuenta años de agitación revolucionaria y de propaganda anarquista. Ni las persecuciones autoritarias, ni los desengaños de propios y extraños, lograron hacer vacilar su fe en el ideal de emancipación humana».

Supuestamente nació en Barbastro (Huesca) en 1862 aunque a los pocos años se trasladó con sus padres a Sabadell. El lugar de su nacimiento es motivo de controversia historiográfica puesto que algunas fuentes indican que fue en Sabadell.

Trabajó desde niña en la industria textil, comenzando su actividad intelectual de forma autodidacta. Fue influenciada ideológicamente por las conferencias y artículos del ingeniero Tárrida de Mármol. Junto a él participaría en la huelga de las siete semanas en 1883 para reivindicar la reducción de la jornada laboral a diez horas, uno de los conflictos sociales más importantes en la historia de Sabadell. En esta Teresa se conciencia ante la poca movilización de las mujeres.

Fue una firme defensora de los derechos de las trabajadoras explotadas. En octubre de 1884 junto a otras funda la Sección Varia de Trabajadores anarcocolectivistas de Sabadell.

En el 1888 junto a su marido Antonio Gurri emigra a Portugal, debido a la búsqueda de trabajo y la violencia por parte de los empresarios, apoyados por el Somatén. Permaneció en Portugal dos años colaborando con los grupos anarquistas del país.

Su preocupación por la liberación de las mujeres le hizo colaborar con Ángeles López de Ayala y Amalia Domingo en la creación de la primera sociedad feminista española, la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona, en 1892.

Fue víctima de la represión indiscriminada desatada a raíz de la bomba del Liceo de 1893 y del atentado del Corpus que llevó al Proceso de Montjuic en 1896. En esta última ocasión fue brutalmente agredida, causándole graves secuelas físicas para el resto de su vida. Teresa nada tenía que ver con la acción terrorista puesto que sus métodos y fines eran de signo muy diferente. No fue condenada por ningún delito gracias a la intensa campaña que estaba desarrollando su maestro Tárrida de Mármol, pero fue deportada a Inglaterra y más tarde a París. En 1898 regresó a España convertida ya en una figura libertaria de leyenda.

Ya en el siglo XX siguió y renovó su entusiasmo luchador en la prensa fundando el periódico El Productor (1901), que tuvo gran difusión en los medios obreristas así como sus trabajos en La Tramuntana y La Revista Blanca, además de dirigir el diario El Rebelde entre 1907 y 1908. También escribiría para una publicación inglesa, Freedom.

En el gran mi­tin del Circo Barcelonés, el 16 de febrero de 1902, lanzó un emotivo y apasionado llamamiento en solidaridad con las huelguistas del ramo metalúrgico, que extendió notablemente la gran huelga general de Barcelona (la más importante del movimiento obrero de entonces) que durante los días 17 y 24 de febrero de aquel año, paralizó la vida ciudadana participando miles de trabajadores. Fueron batallas como ésta la que afirmaron el terreno inicial de la CNT.

En 1903 viajó a Andalucía con Leonardo Bonafulla, el seudónimo de Juan Bautista Esteve, compañero de Teresa, y que nos ha dejado otra semblanza de nuestra protagonista como una infatigable luchadora entre la cárcel y los caminos a favor de los humildes, teniendo cinco hijos que no sobrevivieron, algunos de ellos nacidos en la cárcel. Además de Antonio Gurri y Bonafulla, también José López Montenegro fue compañero suyo. El objetivo del viaje era difundir las ideas anarcosindicalistas y fomentar la lucha. En Ronda fue detenida por la Guardia Civil, conducida a Málaga a hombros de un borrico y enviada desde allí a Barcelona.

Ese mismo año, 1903, publicó: «La mujer, consideraciones sobre su estado ante las prerrogativas del hombre»[1].  En esta hacía un brillante alegato sobre la emancipación de la mujer, teniendo que ser ella la protagonista de la misma y planteando la equiparación salarial entre hombres y mujeres. Además, formuló una profunda crítica a la educación por ser la causante de la dependencia femenina. Al igual que Louise Michel con dicha obra muestra lo avanzado de sus ideas y la profunda sensibilidad que poseía sobre la cuestión feminista a pesar de no tener una concepción clara de ella en el sentido clásico del término.

A raíz de los sucesos de la Semana Trágica en Barcelona fue detenida en agosto de 1909 y confinada en Zaragoza. Allí residió hasta la Dictadura de Primo de Rivera consiguiendo la adhesión de los sindicatos locales a la CNT. También participó en la huelga general de 1911 por la que volvió a ser detenida y encarcelada durante tres años. Durante su larga estadía en prisión hará su primera aparición una enfermedad que le llevará más tarde a la tumba: la pará­lisis. Prosigue con cada vez más dificultades su actividad militante, pero su nombre es indispensable para conocer el desarrollo del movimiento anarcosindicalista aragonés. Se encuentra postrada en la cama cuando la irrumpe en su casa con un nuevo motivo: la ejecución del cardenal Soldevila, conocido por aconsejar la utilización de los métodos fascistas en ciernes contra los trabajadores. Al parecer, fue Teresa Claramunt la que sugirió el nombre del cardenal a Durruti y Ascaso cuando fueron a verla como una alternativa a un atentado contra miembros anónimos de los cuerpos repre­sivos.

Durante varios años habitó en Sevilla, en casa del cenetista Antonio Ojeda, que le brindó su hospitalidad para que pudiera curarse con tranquilidad de su enfermedad. Sin embargo, Teresa no deja de intervenir, en 1923 habla en un importante mitin contra la dic­tadura y en 1924 se traslada a Barcelona. Su casa en esta ciudad se convirtió en un lugar muy transitado por las anar­quistas estando entre sus visitantes ilustres Max Nettlau y Emma Goldman.

En 1929, muy debilitada, pronunció su último mítin.

La apodada «virgen roja barcelonesa» fue enterrada el 14 de abril, el día de la proclamación de la Segunda República. Federica Montseny recuerda su entierro así: «El 14 de abril por todos los centros republicanos por dónde pasábamos las banderas se inclinaban al paso del entierro, en­tierro al que acudieron más de 50.000 personas en Barcelona.»

Teresa en sus actividades como agitadora se preocupaba sobre todo de evidenciar las injusticias del capi­talismo a través de datos y ejemplos vivos y concretos, nunca tuvo una especial predilección por la teoría y se encuadraba en el amplio campo de los «anarquistas sin adjetivos». En todos sus artículos y arengas hay una preocupación básicamente activista. Su humildad la motivaba a considerar que nunca hizo nada extraordinario en su agitada vida. Parafraseando nuevamente a Federica Montseny: «Teresa Claramunt era la mujer que representaba la clase obrera por autonomasia. Se distinguió como la figura excepcional de la mujer obrera, sin gran cultura, sin una gran preparación, con faltas de ortografía incluso, pero con una inteligencia natural. Todo ello le valió un gran prestigio entre las trabajadores, sobre todo, las mujeres de Cataluña».

Por: (Alejandro, compañero del sindicato).

[1]Compendio de textos de Teresa Claramunt. El que se cita se encuentra en la página 199:  http://historiamujeres.es/feminismo/TClaramunt_sel_textos_feministas.pdf

Apoyo a la huelga general feminista del 8 y 9 de marzo

Las anarquistas creemos que en las sociedades existen diferentes estructuras de poder que están conectadas entre sí, formando un tejido que nos subyuga y nos arrebata nuestra libertad, nos violenta y nos mata.

El capitalismo mercantiliza la vida de todos los seres que habitan este planeta, convirtiéndola en una cadena de montaje que, de la mano del patriarcado, nos convierte en las eternas cuidadoras, generando producción capitalista de forma totalmente gratuita. Las mujeres cis son transformadas en objetos que gestan. A las trans las relegan a situaciones de precariedad sistémica, emanadas del propio estigma que supone tener un cuerpo no normativo, negándoles o dificultándoles, en muchas ocasiones, el acceso al trabajo, a la vivienda y a otros derechos de los que, en teoría, el resto de las personas gozan. La explotación aumentó cuando, bajo el nombre de “emancipación”, fuimos incorporadas a los empleos. Por esto, nos rebelamos contra la esclavitud económica y machista que supone el trabajo asalariado, al servicio del capital y del patriarcado.

Además, al capitalismo le interesa nuestra continua cosificación, así como controlar los cánones de belleza para que nuestros cuerpos sean deseables para el consumo y disfrute masculino. Así, el rechazo a nuestros propios cuerpos es una batalla con la que lidiamos todas. En especial, nuestras compañeras trans cargan con el estigma y la desposesión al no ser consideradas “mujeres de verdad” incluso desde algunos sectores del feminismo.

Las religiones nos oprimen también, sobre todo cuando se erigen sobre instituciones, siempre jerárquicas, que dictaminan cómo debe ser nuestro comportamiento, casualmente sumiso, casto y puro en todas ellas. De este modo, nos rebelamos contra los dioses y contra la opresión que sobre nosotras ejercen las autoritarias instituciones religiosas.

Nos rebelamos contra las patrias y contra las naciones, que nos enfrentan entre nosotras, hermanas, haciéndonos creer que la mujer migrante que viene de otras tierras y que busca la supervivencia en este mundo hostil, es nuestra enemiga. Los gobiernos las sumen en la precariedad, viéndose obligadas a alejarse de sus familias, y a vivir bajo el miedo y la amenaza constante de que sus hijxs les sean arrebatadxs, o bajo la sombra de los CIES, las cárceles y los centros de menores. No creemos en las fronteras, no creemos en las jerarquías ni en la Ley de Extranjería. Luchamos para no ser oprimidas, pero también para no oprimir a las demás. Nuestra bandera negra y morada es la sororidad y la hermandad, burlando las fronteras, respetando nuestras diferencias.

Todos nuestros yugos se materializan en los Estados, tanto capitalistas como socialistas, que organizan las sociedades en torno a estas estructuras de poder, y las llevan a la práctica mediante la autoridad, el liderazgo, el control y la represión. Una vez más, las cárceles, en todas sus modalidades, convierten a las mujeres presas en las absolutas silenciadas. Es por esto por lo que consideramos fundamental destruir los Estados para conseguir la emancipación total y la libertad, mediante la sororidad, el apoyo mutuo, la autogestión y la acción directa.

Por todos estos motivos y muchos más, hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, las anarquistas del SOV de la CNT-AIT de Murcia, apoyamos la Huelga General feminista de los días 8 y 9 de marzo, y marchamos en la manifestación de las 18:00 p.m que parte de la Plaza de la Fuensanta.

“Con una mano sujetamos las urgencias, con la otra acariciamos las utopías”
(María Galindo, anarcofeminista boliviana)